Archivo para agosto 2009

Pero si conoces a mi hijo…

agosto 31, 2009

madre-hijo

La verdad es que la combinación madres-baloncesto nunca me ha hecho mucha gracia. El baloncesto es capaz de sacar lo mejor del que está en la pista y lo peor del que está fuera de ella. De una mala reacción no se escapa nadie: árbitros, rivales, entrenadores, anotadores… otros padres. Son los peores protagonistas del deporte base. Son el espejo en el que se deben mirar sus hijos, pero en la mayoría de las ocasiones no dejan de ser gente de sangre caliente que se llevan todo al lado personal. Son como animales. Defienden a sus hijos por puro instinto de supervivencia, algo totalmente erróneo cuando se trata de un partido de baloncesto.

Pero la aparición de los padres/madres en el basket puede ser de diferentes maneras. Si no, que se lo digan a mi pobre madre el primer día que arbitré en Valdepeñas; no sé, se imaginaría que era como un actor interpretando una obra de teatro o un cantante de ópera. Se pensó que era uno más dentro de la función baloncestística. Craso error. El árbitro está en el punto de mira de todos los insultos y descalificaciones de todo el mundo. A partir de ese día, mi madre me miró con otros ojos (dentro de la pista, claro). En este caso, la madre fue la víctima propicia. Cosas del arbitraje.

Pero el caso que nos ocupa es mucho más entrañable y más humano. Encarna la satisfacción de una madre al ver que su hijo es reconocido como un gran jugador a más de 200 kilómetros de casa. La verdad es que lo que esa madre sintió esa mañana pocas veces lo va a volver a sentir (baloncestísticamente hablando, claro está). Su hijo había sido invitado al Memorial y había sido reconocido al entrar por la puerta, jajaja. No hay nada como el amor materno. Cuando los hijos son valorados como es debido, el orgullo de la madre se dispara. Fue un día  feliz para ella, sin duda.

Me cuentan que cada vez que su hijo entraba en pista y era nombrado por el speaker, su cara se iluminaba y la sonrisa le brotaba. Por un par de horas fue la madre más feliz del mundo. Al salir por la puerta, la mujer no pudo más y se abalanzó agradeciéndome la atención puesta sobre su hijo. Es normal. Un  hijo es lo más grande. En la comida posterior al partido, la mujer quería salir de dudas y me insitió fervorosamente que de qué conocía a su niño. Evidentemente, el chaval es un verdadero crack. Lo conocía de un par de años, y la verdad es que era un sueño que viniera a Valdepeñas. Realmente, se hizo realidad. Fue un placer ver al “niño” enchufarlas en Valdepeñas.

Organizar este Memorial me ha dado un montón de satisfacciones, pero la oportunidad de conocer a gente como esta madre no tiene precio. No me esperaba tener estas sensaciones. Unas sensaciones que me transportaron a tiempos pasados, a tiempos en los que comenzaba a arbitrar y mi madre también se sentía orgullosa de mí. Fue como repetir la historia. Sinceramente, me marcó bastante. En esta madre ví a la mía. Espero que me siga encontrando a muchas madres como ésta y por supuesto, me reciba con un ¡¡conoces a mi hijo!! como el que me dijo ella. Sin duda, las madres son las mejores, en serio.

Hasta la próxima

 

 

El hombre de la sonrisa eterna

agosto 29, 2009

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La verdad es que una buena sonrisa dice más que cualquier frase. Recordemos que la cara es el espejo del alma, y si esa cara se ve acompañada con una sonrisa de oreja  a oreja, se rompe el espejo y sale la propia alma al exterior. Yo pienso que es el gesto que más transmite en el ser humano, sin duda. Cualquiera nos derretimos ante una bonita sonrisa; nos anima a seguir conociendo a la persona. Es igual que cuando un semáforo se pone en verde, vía libre.

A medida que nos vamos haciendo mayores, la sonrisa nos cuesta más dinero. Estamos más hartos de todo y parece que no nos apetece nunca sonreir. Aunque sigue habiendo excepciones, como es lógico. Hay gente mayor que sigue siendo encantadora y gente joven bastante “agria”. Trasladado al baloncesto, ésto suele ser igual; los jugadores consolidados en las “grandes ligas” apenas ríen en su trato con los aficionados y los que empiezan son más afables y cercanos. Pero hay un ejemplo, que una vez más, nos quita la razón. Por cierto, por si no lo sabíais, se pasó por el Memorial de Valdepeñas.

La idea que me venía a la cabeza cuando escuchaba el nombre de Nacho Yañez era el de una estrella, un profesional, una persona inalcanzable para los que no pertenecemos a ese gremio. Esperaba ver a un hombre serio, triste y desmotivado. Es lo normal en este tipo de eventos. Cumples el expediente y te vas a casa.  A decir verdad, algo de eso lo hizo Nacho, todo hay que decirlo. Pero Nacho, es de otra pasta. Es un jugador-actor. No me interpretéis mal. Hablando de cuestiones deportivas, Nacho se adaptó al guión que iba marcando el desarrollo del partido. Ni más ni menos que lo que yo esperaba de él, el juego de un auténtico profesional.

Pero  Nacho cumplió como un caballero. Podía haber aprovechado el trasiego de equipos (de Illescas a Tenerife, de Tenerife a Valdemoro…) para no venir, pero conservó la invitación y no me falló. Eso sí, su clara intención de agradar, le hacía no parar de sonreir ante cualquier situación. ¿Qué tal el viaje Nacho? una sonrisa; ¿Te sonaba Valdepeñas?, una sonrisa… Era increíble, hasta los propios compañeros de equipo, lo certificaban al final: “comentábamos las jugadas y Nacho no paraba de sonreir…”. Sabía perfectamente que su labor no era meter 40 puntos, sino crear buen ambiente y disfrutar de un rato de basket agradable. Lo hizo a la perfección.

Fue  indescriptible la sensación de ver a Nacho Yáñez pasar al pabellón con esa elegancia que tienen los tíos de 2 metros. Desplegaba el aroma de buen jugador de ACB. Es evidente que a Nacho le debo dinero y sobre todo, un buen domingo de junio invertido en Valdepeñas. También le debo el buen rollo y las buenas sensaciones que imprimió ese día sobre la pista. Es lo bueno de tener la facultad de ser buena persona y, por supuesto, porque no todo el mundo puede ser “EL HOMBRE DE LA SONRISA ETERNA”. Cuídese por Canarias, Don Ignacio.

Hasta la próxima

Amor y baloncesto

agosto 28, 2009

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La verdad es que amor y baloncesto son dos términos bastante compatibles. La mayoría de los jugadores sienten “amor” por el baloncesto, otros jugando al baloncesto tienen sensaciones parecidas a cuando hacen el amor y muy pocos encuentran el amor en el baloncesto. Éstos son los que a mí me interesan. Será porque es una de mis ilusiones frustradas. Lo confieso. El basket estará eternamente en deuda conmigo por no haberme proporcionado a mi “media naranja”. Pero bueno, viendo lo que me ha dado…. tampoco me puedo quejar.

Yo soy de esos tíos que puede comparar cualquier cosa con un partido de baloncesto: un examen, una comida, unas cañas, etc. Pero nadie me negará que el basket y el amor generan estados de ánimo en el ser humano muy parecidos, incluso pienso que nuestro  organismo segrega las mismas hormonas. Cuando jugamos un buen partido o estamos realmente enamorados no somos  nosotros mismos. Estamos invadidos por algo que entra en nosotros sin previo aviso, algo así como un virus, que no te suelta hasta que no suena la bocina o la chica se nos escapa… En esos momentos, no eres tú. No creo que nadie sea capaz de negarme esta afirmación. Esa alteración de un final de partido es la misma que sientes cuando ves a la chica. Es más fuerte que nosotros.

Y eso pasa en tíos normales  y en estrellas del basket. Os lo puedo asegurar. En el Memorial Juan  de la Torre tenemos una prueba de ello. Es lo típico, el primer año el jugador viene solo y el segundo acompañado. El primer año, un tío tímido, con la cabeza gacha, en fin, cumpliendo el expediente…. El segundo, un tipo extrovertido, atento con los niños, haciendo gestos, disfrutando del momento de gloria …. La verdad es que tiene que molar esa sensación doblemente intensa: jugar al basket, enamorado y con la chica viéndote. Es un chute de buen rollo muy difícil de igualar. Ya te digo, increíble la transformación del chaval…

¿Y cuándo los miembros de la pareja se dedican al basket profesional, dónde queda el amor? Pregunta bastante delicada, sobre todo, si sus vidas se separan, y la distancia hace que la relación se enfríe. Evidentemente la relación idílica y casi perfecta basket-amor se va al carajo (como dirían los periodistas cubanos), más que nada, porque la palabra basket se empieza a borrar poco a poco… Pero en el caso que nos ocupa, el Memorial sirvió para que nuestro amigo volviera a disfrutar de un buen domingo acompañado de su amor, con el basket de por medio. No queremos que borren al basket, que conste¡¡¡.

Yo, sinceramente, comprendo y valoro muy positivamente el cambio de actitud del chaval. En Valdepeñas, esa mañana de domingo, lo tenía todo: un balón entre las manos y una mujer esperándole en la puerta. ¡Qué más se puede pedir¡. Los romanos se conformaban con pan y circo; mi amigo  y yo nos conformamos con amor y baloncesto.

Hasta la próxima

Con lo puesto

agosto 27, 2009

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La verdad es que  la ropa de baloncesto suele salir poco de vacaciones. Como si de un buen obrero se tratara, siempre está ahí cuando más se la necesita, es decir, cuando vamos a reunirnos con la pelota naranja y el aro rojo. Las zapatillas, pantalones, camisetas cumplen su jornada y vuelven a su lugar de orígen. A pesar de que los americanos están intentando inculcarnos esa “sport wear” tan bien vista por su tierra, todavía nos mostramos algo reticentes a que ocupen un lugar importante en nuestro armario. Son los grandes olvidados en nuestro periplo vacacional.

Pero, llegado el momento, quién necesitas zapatillas o camiseta cuando estás en una bonita cancha y tienes un baloncito y buena gente para jugar. Todos tenemos en nuestra mente capítulos gloriosos de gente con la ropa más disparatada jugando al basket… e incluso haciéndolo hasta bien. A mí, la primera que se me viene, es la siguiente: era una fría tarde de invierno, fresquita, me encuentro solito (tendría yo 13 añitos, más o menos) en una pista al aire libre de mi Valdepeñas natal; cuando al ir a recoger el balón, veo a 4 tíos, rubios, de más de 2 metros los 4 (increible para mí en esa época), perfectamente uniformados con camisa blanca y pantalón negro, que sacan un balón de su cartera y se dirigen a la canasta del fondo. Ni cortos ni perezosos, sin calentar ni nada, se ponen a echar un 2 contra 2, a 2 canastas… sin cambiarse de atuendo, manteniendo sus impolutos zapatos negros. Nunca olvidaré el ruido de las suelas cuando corrían los contrataques, no sé, un ruido extraño, pero genuino. Mucho mejor que el del parquet, dónde va a parar. Ellos no necesitaban las Nike, ni las camisetas de Lebron…

Estos chicos (se me había olvidado comentar que eran misioneros mormones, por si lo dudábais…) amaban el baloncesto, lo daban todo por él (como decía Nick Nolte, en la famosa escena de “Blue Chips” a sus afamados fichajes, echándoles en cara todo lo contrario, claro), no les importaba la ropa, ya verían ellos cómo se lo montaban para poder jugar. Algo similar le pasó a mi amigo Braulio Arias, ex-jugador ACB en las filas del Murcia.

La verdad es que recibir la respuesta afirmativa de Braulio fue un gustazo inolvidable. Sinceramente, no me lo terminaba de creer. Para mí, la gente que triunfa en casa en cualquier aspecto de la vida, se merece mis mayores admiraciones. Recordar que nadie es profeta en su tierra. Pero Braulio, por unas temporadas, sí lo fue. Estaba claro que  no era de esos tipos que se arrugan ante las adversidades ni te dejen tirado por un pequeño inconveniente. 

Pero el tiempo pasaba, el Memorial se acercaba y no recibía la confirmación final del base. En esos momentos, la preocupación se adueñaba de mí… Pero una mañana recibo un mensaje, diciendo que se encontraba en Croacia, pero que para el domingo estaba en Valdepeñas… previo paso por Plasencia para ver a unos familiares de su pareja, y me dice: “estoy sin zapatillas ni pantalones de basket, pero voy a ir como sea”. Ese gesto me dio a entender qué tipo de persona era Braulio. Pasó a ser como de mi familia, como si lo conocieras de toda la vida. Yo soy uno de esos tipos que se identifican mucho con frases lapidarias y rotundas. No hay nada mejor que decir las cosas con las entrañas, como diría mi madre.

En ese momento, a Braulio le daban igual los kilómetros, le daba igual el cansancio, le daba igual la ropa… él quería venir a disputar el Memorial. Su historia merecía ser contada. Es un nuevo ejemplo de que el Memorial nos está valiendo a todos para conocer a gente BUENA. Su corazón, al igual que los de mis amigos misioneros, no necesitaba zapas, simplemente, le pedía que jugara con lo puesto.

Hasta la próxima

Pero, ¿por qué yo?

agosto 26, 2009

La verdad es que recibir un mensaje de alguien que no conocemos a todos nos sobresalta un poco. No sé, es una sensación un poco rara, siempre asociada a connotaciones negativas. Creemos que de un extraño no puede venir nada bueno. Yo, ciertamente, comparto esa idea. Cuando cogemos un teléfono y no conocemos la voz, empiezan las dudas; cuando leíamos en el cole y no reconocíamos la letra del que lo escribía, ufff…. Realmente, el ser humano teme a lo desconocido. En eso creo que estamos todos de acuerdo.

Con la llegada a nuestras vidas de las denominadas “redes sociales” esta sensación de inseguridad y de temor está más que justificada. En cierto modo, aunque no nos queramos dar cuenta, estamos vigilados. No hay que ser tan negativo ni temerario, pero es bueno tenerlo en cuenta. Aunque hay veces que el hecho de poder localizar a determinada gente, más que un problema es una ventaja. Todo tiene su lado positivo.

Mi relación con dichas redes hasta hace unos meses no habían pasado de discretas. Realmente, no las necesitaba. Pero, al igual que el amor, cuando te llega, no lo puedes evitar. La verdad es que mi encuentro con ellas fue pura casualidad. Estaba claro que las necesitaba. Era obvio.

Para mí, eran la solución que tantos años había necesitado. En mi misión de dar a conocer el Memorial y de invitar al máximo de jugadores posible, una red como Facebook supuso una bendición. En poco tiempo era “vecino” de jugadores, entrenadores, árbitros… Aún recuerdo la primera noche, jajajaja. Para los más curiosos, cursé 600 invitaciones, así que, podéis imaginar la de cuentas que me cerraron. Creían que era “spam”. Era aún peor que eso.

Reacciones ante esta invitación inesperada hubo para todos los gustos, desde la más absoluta disposición (pongamos como ejemplo más claro a Iker Benzazoua ,jugador del Calpe de EBA, que en 30 minutos ya me había dado una respuesta afirmativa) a la más absoluta indiferencia (tenemos como ejemplo a cerca de 550 jugadores; si queréis un listado os lo paso….). Pero lo que más me llamaba la atención, era la respuesta que más de uno me daba : “PERO, ¿POR QUÉ YO?. Claro, los chavales se extrañaban un montón. No eran capaces de asimilar que un tío de Valdepeñas (ciudad del vino, por otra parte) les invitara a jugar tan lejos de su casa, y lo que es más importante, que los conociera. A mí me pasaría lo mismo. 

En definitiva, los mensajes de gente desconocida crean el desconcierto hasta en estrellas del baloncesto. En esta época que nos ha tocado vivir, un simple texto puede crear  desconfianza en cualquiera. Los pobres, en su interior, estoy convencido,que se siguen preguntando: “pero, ¿por qué  yo?”. Eso realmente, nadie lo sabrá.

Hasta la próxima

El compromiso

agosto 25, 2009

La verdad es que la palabra impone, da respeto. Hoy en día, son muy pocos los que la pronuncian en sentido “posesivo”. Nadie quiere tener compromisos. Su significado flota en el aire, en el denominado “Mundo de las ideas” que defendía Platón en sus teorías del conocimiento (qué bonitos recuerdos de primavera estudiantil, ¿verdad?), pero nadie la recoge para sí. Yo, sinceramente, valoro muy positivamente a quien la tiene, pero he de reconocer, que en el mundo en que nos ha tocado vivir, mantener un compromiso es un auténtico riesgo, que a veces, no sale tan bien como debiera.

Pero afortunadamente hay gente que sigue manteniendo antiguos valores y que le da una importancia increíble. Normalmente, valores como el compromiso, la lealtad e incluso el de amistad, son asociados a gente hecha de “otra pasta”, criados en otro tipo de sociedad, muy diferente a la actual; pero, en la actualidad, todavía hay reductos. Gente joven que mantiene su palabra hasta la última de sus consecuencias.

El ejemplo más claro se llama Javi Vega, pívot  que militará esta temporada en el Illescas. 20 años, profesional, bronce en el EUROPEO sub-19 con la selección nacional, participante en el Concurso de Mates de la ACB…. Lo normal es que este muchacho tenga la cabeza llena de pajaritos, viva en una nube permanente y no baje a los infiernos de la vida diaria. Pero ,de vez en cuando, nuestras teorías refutadísimas se van al carajo y se nos queda una cara de asombro y perplejidad impropia de nuestra edad. Y nos damos cuenta que Javi es uno de los nuestros. Es de esos tíos que desafían a todo y consiguen lo que se proponen.

Para mí, ver a Javi Vega sobre la pista del Polideportivo La Molineta de Valdepeñas, enfundado en la camiseta del Memorial era poco menos que un sueño inalcanzable. Pero algo me decía en mi interior que debía intentarlo. Y mi corazonada no falló. La satisfacción de ver que había cumplido a su palabra fue la mejor sensación que conservo. Ni el cambio de equipo (de León a Sevilla), ni el haber jugado en los 4 días anteriores 3 partidos (Torneo sub-20, ¡¡¡¡en Mallorca¡¡¡¡) ni el aterrizar en Barajas sólo con 3 horas de antelación, pudieron quitar de su cabeza la idea de venir a Valdepeñas a disputar su Memorial. Él sabía que le necesitaba y sin saber nada de mí, vino a ayudarme en esta bonita causa. Estaba claro, Javi no me podía fallar. A él alguien le enseñó el significado de la palabra COMPROMISO… y a tí?

Hasta la próxima

200 Visitas

agosto 24, 2009

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La verdad es que soy una persona amante de las estadísticas. Eso es obvio. Todos basamos nuestro modo de pensar en datos u opiniones. A mí las opiniones me parecen importantes, pero nada como unos buenos datos a los que agarrarse. Lo bueno de youtube es que , además de enseñar al mundo ese video que has subido, se preocupan en contar las veces que ese vídeo es reproducido, ¡qué detallazo¡.

Éste año ya tocaba subir los vídeos del MEMORIAL JUAN DE LA TORRE. Aunque, si digo la verdad, tenía sensaciones contradictorias. Para mí era un orgullo mostrar lo que se había conseguido en la cuarta edición, repito CUARTA EDICIÓN ; pero, por dentro, me reconcomía la idea de sacar a la luz algo tan personal como este evento. Así se debe sentir ese chaval que compone una buena canción y una mañana la escucha en los 40 cantada por otro. No sé, fue algo raro, la verdad. Pero debía ser así, las nuevas tecnologías nos absorben siempre. Es de necios oponerse a eso.

Y como no podía ser de otra forma, cada mañana juego a adivinar cuántas visitas habrán recibido los vídeos. 20?, no 15… 58? no 62…. es gracioso, errar una y otra vez, sobre todo cuando el número total de visitas es superior al imaginado. Es como un gol de Raúl en el descuento o un triple de Navarro con la selección, simplemente un momento delicioso. Son momentos que no tienen precio y más cuando se trata de una causa tan bonita como ésta.

Ayer fue el gran día. Al mirar mi cuenta, ví el número mágico de 200 reproducciones. Fue lo máximo para mí. Estoy convencido de que genios como Gaudí no han sentido tanta satisfacción como la que sentí en ese momento. Es un sueño cumplido. ¡200 personas invirtiendo su tiempo viendo el Memorial¡. Con lo solitos que estuvimos el primer año y ahora tenemos 200 invitados virtuales…. jajajaja. Son cosas que pasan si nos dejamos caer en la red de redes. Simplemente es como un lanzamiento a canasta, puede entrar o puede….

Hasta la próxima

http://www.youtube.com/watch?v=WNtAEPu4q5k