Archivo para septiembre 2009

El número del partido

septiembre 30, 2009

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La verdad es que de pequeño los números se me daban de fábula. Era peor que una obsesión para mí. Recuerdo ir por la calle haciendo sumas, restas o multiplicaciones sin ninguna lógica. No sé. Tal vez eso me ha ayudado a recordar series sin casi ni proponérmelo. Ni yo mismo me imaginaba cuán importancia iba a tener una sucesión de numeritos, que de manera aleatoria, conforman la numeración de un partido. Me explico. Por si no lo sabéis, cada partido “oficial” tiene una referencia numérica en el calendario (por lo menos aquí en Castilla la Mancha). Dicha referencia debe constar en el acta del partido, siendo dada por el árbitro principal al anotador antes del comienzo del mismo. Es puro trámite, pero realmente le debo mucho.

Sitúo la historia en el espacio-tiempo. Soy designado para arbitrar un partido en Alcázar de San Juan. Por diversos motivos apreciamos que el anotador de turno se retrasa en su llegada (algo más o menos frecuente en cualquier cancha). Esperamos un ratito y vemos aparecer a un hombre que baja de la grada, raudo y veloz a comenzar a rellenar el acta. El hombre preocupado y voluntarioso nos expone que el chaval no tardará en llegar, y que, si no es inconveniente, va a empezar su labor él. Por nuestra parte sin problemas, le dijimos. Ese día mi compañero y yo íbamos bastante relajados, no sé por qué, había complicidad y no nos tomábamos muy en serio lo que estaba pasando. El hombre no nos quería ni mirar; se le notaba en el rostro la “verguenza” que nos estaba haciendo pasar. Lo quería hacer todo perfecto, sin ayuda nuestra. Quería que todo estuviera listo y que no notáramos la ausencia del “titular” de la plaza. Se le veía que quería que ese “incidente” pasara inadvertido. Parece ser que por menos de éso, habían sufrido alguna que otra sanción. Cosas de árbitros, ya sabéis (enajenaciones del uniforme, jejeje)

Pero curiosamente a este señor solo le faltaba un dato para completar el acta: el número del partido. El pobre no encontraba la manera de saberlo, teniendo que preguntarnos sin más remedio. Yo, gentilmente, viendo lo que ese hombre estaba “sufriendo”, se lo proporcioné sin problemas (“384”), y de repente, al hombre se le iluminó la cara de oreja a oreja. Era increible. Se sintió aliviado. Posteriormente, el anotador volvió y comenzamos el partido sin mayores incidencias. En ese momento, estaba preparando la tercera edición del Memorial y tenía en mente que los jugadores del ADEPAL grabaran un pequeño mensaje dirigido a los espectadores. Envié un mail a la web del club pero no recibí contestación. Sabía que los chavales que llevaban dicha página se encontraban en el partido y en el descanso me dirigí a uno de ellos para preguntarle cómo iba “lo nuestro”. El chaval me dijo que se iba a informar y que ya me diría algo.

Pues bien, el partido finaliza y nos disponemos a ducharnos. De repente oigo tocar la puerta y salgo a ver quién es. Era el señor que rellenó el acta, al que en este momento pondremos nombres y apellidos, Miguel Ángel Leal, presidente en esa temporada del Grupo 76. La verdad es que su presencia allí era impredecible. No sabíamos lo que podía pasar (os recuerdo que éramos árbitros, jejeje) Se acerca a mí entregándome una tarjeta y diciéndome: “Los vas a tener allí en persona; llámame con antelación y vamos. No te preocupes”. No sabéis el alegrón que me llevé a casita. Yo sabía que era cierto, porque en ese momento me hablaba con el corazón. Todos sabéis como se habla con él. Y efectivamente, así lo hizo, trajo al Memorial a jugadores profesionales de la talla de Quique Bárcenas, FJ Martín, Sami Adam y David Zozaya,  algo que ni en mis mejores sueños hubiera imaginado. Y lo que es más importante, “abrió la veda” para que otros lo hicieran en años venideros.

Qué más puedo decir que para mí fue un honor conocer a Miguel Ángel de esa forma y que espero algún día poder pagarle de alguna manera. Nunca un partido me enseñó tanto como aquel. Para el resto de personas habrá pasado al lugar más oscuro de la memoria pero para mí no. Esa combinación de cifras: 3-8-4 era la clave del éxito del Memorial. Parece ser que la vida es como una caja fuerte: si das con la clave, ganas. En este caso está bastante claro que fue así. Todo se lo debo al chaval que llegó tarde, que conste, porque si no nunca hubiera conocido al sr. Leal y , probablemente, esa serie de números solo hubieran servido para ser, una vez más, un simple número de partido.

Hasta la próxima

 

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El corazoncito de los Pros

septiembre 29, 2009

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La verdad es que hay veces que las apariencias engañan. Yo diría que siempre. Hay un refrán que dice que “cuando menos te lo esperas salta la liebre”, y bien verdad que es. A lo mejor la culpa es nuestra, con tantos preceptos y tantas tonterías, pero hay que ver las sorpresas que se lleva uno con determinada gente. Es difícil elaborar una teoría que englobe a todo el mundo, pero en el caso que os voy a contar sería casi imposible.

En el mundo del basket al igual que en el resto de facetas de la vida, hay gente, digamos “convencional” y gente que se sale del camino establecido, gente que prefiere marcar el suyo propio . Eso se puede hacer de muchas maneras. Hay gente que cambia su forma de vida, sus hábitos, su forma de vestir, de actuar… El caso que nos ocupa ejemplifica esto último. Se trata de un jugador profesional con aspecto de “malote” pero que en el fondo esconde el niño que todos llevamos dentro. Un jugador que, cuando se trata de una buena causa, se convierte en la persona más generosa y cercana del mundo. Un tío que no olvida que salió de la calle y que todo lo que tiene (sea mucho o sea poco) se lo ha ganado con sangre, sudor y, por qué  no decirlo, alguna lágrima. Es un currante del basket, un luchador de circo, un hombre valiente; en definitiva, “el hombre”.

A Nacho lo conocí en una fase interautonómica cadete de clubes disputada en Ciudad Real, allá por el 98 si la memoria no me falla. En ese momento jugaba en las filas del FC Barcelona (acompañado de ACB’s actuales como Mario Bruno Fernández, Sergi Grimau, etc.).  Era un chaval delgado, con grandes cualidades atléticas y bastante disciplinado tácticamente. Tenía condiciones suficientes para militar en la ACB pero el verdadero Nacho todavía no había salido a relucir. En ese momento, era como un dibujo a colorear. Le faltaba algo sustancial, simplemente, algo que le haría diferente al resto:  su CARÁCTER GANADOR, que fue puliendo por Badajoz, Calpe, etc. y que perfeccionó en San Sebastián, valiéndole para jugar varios años en el CB Granada de ACB. Aún siendo profesional, seguía visitando las canchas de la calle. No perdía de vista, lo más humilde, lo más cercano a la gente.

Y así fue como tuve el gusto de conocer a Nacho, en un playground, dónde si no… La verdad es que verlo en persona por segunda vez me impresionó bastante. Ya no era el típico cadete de la época (rapado, delgadito, mirada hacia el suelo…) sino que era un verdadero “streetballer” (con lo que ello conlleva, jejeje). Pero aún así, algo me decía que dentro de ese envoltorio tan conseguido, se escondería un corazón de oro. Y efectivamente así fue; tuvo la “suerte” de recibir mi invitación y no dudó en responderme. Me comentó que tenía compromisos personales eludibles y que no  podía acudir, pero envió material deportivo para la familia de Juan, algo que absolutamente nadie hizo. Lógicamente para un profesional eso no supone nada, pero el detalle lo supone todo. Fue un detallazo inolvidable.

Como dije al principio la vida da contínuas sorpresas, pero una vez que se conoce un poquito más a gente como Nacho, dichas sorpresas no lo son tanto. Un tío que viene de abajo nunca olvida a sus similares, por eso no duda en escaparse a la calle dejando de lado los bonitos pabellones de parquet. Es el ejemplo más claro de que la vida está dividida en capítulos y que no se deben olvidar los que ya has visto. Con señores como Don Ignacio Martín Monzón, para mí, siempre será un orgullo seguir tocando el corazoncito de los Pros. Cuídese este año por Zaragoza.

Hasta la próxima

P.D.: Un ejemplo,

Jugando al NBA LIVE

septiembre 28, 2009

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 La verdad es que, desde siempre, los videojuegos de basket me han fascinado. Han sido mi perdición. Si me dieran un céntimo por cada hora echada frente al televisor con el mandito en la mano… Hablando en serio, jugar esos partidazos de 6 minutos por cuarto, disputar esas “regular season” de 28 partidos eran la caña. Tengo que decir que yo era de los perfeccionistas. Yo apuntaba resultados, anotadores, rebotes, minutos jugados, etc. Y eso lo hice incluso haciendo la carrera, con eso os digo todo. Un verdadero amante de las estadísticas como dirían los más castizos. Estas vivencias te otorgaban unos conocimientos increibles; unos conceptos bastante complicados de adquirir por otros métodos más convencionales (FG, RPG, etc.). Pensaba las 24 horas en cómo disfrutar un poquito más del juego de turno. Recuerdo que mi primer juego fue el NBA LIVE’95  y mi primer héroe el gran base de Cincinatti, Nick Van Exel. Con lo simple que era, pero cómo disfrutaba, ¡madre mía qué bonito era todo¡

Y después vinieron el 96 y 97 con mi vieja Mega Drive. El 98 supuso el cambio a la nueva Playstation 1. Con la introducción de esta nueva máquina, las posibilidades de mejora en los juegos se ampliaban. Podemos decir que nuestras habilidades creativas se dispararon y pudimos empezar a hacer lo que antes no podíamos. ¿Qué quiero decir con ésto?. La respuesta es bastante obvia. Pudimos cambiar un poquito a los protagonistas del juego, es decir, dejábamos un poco de lado la NBA y abríamos los brazos para recibir a equipos ACB. Como podéis imaginar, cualquier parecido con la realidad era pura coincidencia, pero qué bonito era disputar un Barca-Madrid, jejeje.

Lo peor de todo eran los momentos de CREATE PLAYER AND CREATE TEAM (había que introducir datos de los jugadores uno por uno: físicos, técnicos, porcentajes, etc. Un verdadero coñazo, pero merecía la pena). Se me iban horas preciosas, la verdad. Me acompañaba, como no podía ser de otra forma, el EXTRA LIGA que publicaba Gigantes todos los años, verdadera enciclopedia de datos y estadísticas, que me servía como referencia para afrontar tan dura tarea. ¡ Qué artesanal era todo¡

Y en esas estábamos cuando casi sin darme cuenta me toca introducir los datos del Cáceres: camiseta verde, Jose Paraíso…. y Emiliano Morales, proveniente de la NCAA y natural de ¡¡¡¡Tomelloso¡¡¡¡¡. La verdad es que me quedé sorprendido, si bien es cierto que tenía noticias de un chaval de allí que se había ido a jugar hace unos años, pero nunca pensé que alcanzaría la ACB. Como podéis imaginar, me apresuré raudo y veloz a mirar sus características: 2,02, ala-pivot, gran reboteador, etc. En unos minutos ya estaba jugando con el Cáceres, jejeje. La lógica me decía que Emi no podría salir hasta que las barritas de agotamiento de Dyron Nix o Wayne Tinkle (históricos ACB, por cierto) estuvieran “tocadas”, pero a los 2 minutos Dyron era reemplazado por Morales, un cambio motivado evidentemente…. Lo cierto es que Emi siempre acababa en dobles dígitos, por qué sería…

Desde ese momento, Emiliano era un jugador de la casa, como si lo hubiera conocido personalmente y hubiera seguido su trayectoria profesional “al dedillo”. Tenía una pequeña deuda con él, como si hubiera estado jugando a mis órdenes y no le hubiera pedido permiso, una sensación extraña pero gratificante. Difícil de explicar. Sin duda, antes o después debía conocerlo en persona. Y este sueño se cumplió nuevamente en el Memorial (como tantos otros). La verdad es que contactar con él era una labor complicada, pero Facebook, nuevamente, me lo puso muy fácil. Su buena disposición y su compromiso desde el primer minuto hicieron el resto.

Ver entrar a Emiliano por la puerta del pabellón fue algo que no puedo describir con palabras. Fue como ver la llegada a palacio de un dios griego mezclado con ciertas poses heredadas de la cultura “yanqui”. Un superdotado para la práctica del basket cuya trayectoria no ha sido reconocida por casi nadie. Para la familia del Memorial se convirtió en un ídolo, para mí ya lo era, porque había estado jugando conmigo al NBA LIVE.

Hasta la próxima